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Es muy duro no tener casa y lo es mucho más si encima tienes una mascota, ya que son muy pocos los ayuntamientos que permiten a las personas sin hogar dormir en el albergue con sus perros. Uno de esas excepciones es cáritas en Gandía. Ver artículo pulsando aquí. En gandía han comprendido el problema de estas personas para separarse o desprenderse de sus mejores amigos (puede que los únicos). Y parece que en Zaragoza lo empiezan a estudiar para adaptarse en el albergue municipal a la entrada con perros.

La consejera de Derechos Sociales, Luisa Broto, en la última comisión, añadió que se trata de una “prioridad” incluida en los presupuestos que, siempre y cuando no suponga un “altísimo coste”, será aprobada en 2017. “Es necesaria una redistribución para solucionar los problemas de accesibilidad, las condiciones de evacuación en caso de emergencia y la imposibilidad de que las personas sin hogar acudan acompañadas de sus animales”

Ahora, aunque resalta que el edificio está “anticuado” y tiene “deficiencias”, la consejera espera poder habilitar un espacio destinado a las mascotas, y que estas no tengan que ser acogidas temporalmente en los centros de protección.

La historia de estas personas es muy triste pero a su vez se sienten agradecidos a sus incondicionales compañeros y no se plantean dejarlos en un centro por ir a dormir al albergue. Son vivas unidas por la desgracia en las que el amor mútuo es lo más importante para ellos.

 Giovanne, un indigente nacido en la República Checa hace tres décadas, que ha recorrido media Europa.  Posee el carné de socio del albergue, pero antepone la compañía de su fiel amigo ‘Bob’ a la calefacción y al agua corriente. “Desde que llegué, hace siete años, este perro me ha acompañado. No se me pasa por la cabeza separarme de él. Prefiero dormir en un local que no está acondicionado a acudir donde no es admitido”, explica el joven

Ismael, un alemán de 41  años que también vive en la calle dice “Pasé algunas semanas en un centro de Pamplona junto a mi perro. Aquí, al saber que no puede entrar, no me he planteado acudir“. “Él ha sido mi compañero de viaje todo este tiempo. Ahora está enfermo de cáncer y creo que morirá en poco tiempo. No puedo separarme de él”

Ya podían tomar ejemplo personas que lo tienen todo de la humanidad y amor de estas personas que no tienen nada hacia sus perros. Para ellos son lo más importante en sus vidas y son capaces a renunciar a cobijo y otras comodidades por no abandonarlos. Esperamos que su situación mejore y sus vidas vuelvan a su cauce, y que mientras tanto no tengan que renunciar a estar con sus perros para poder entrar en los albergues.

¿No os parece?

 

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