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¿Qué ha pasado con los perros que en su día se abandonaron en Chernobyl?

Cada día 3500 personas van a trabajar al lugar, que está rodeado de vegetación. Los animales salvajes viven tranquilos en los bosques cercanos, donde la presencia humana es casi inexistente.

Las liebres, los lobos, los alces, los linces, los caballos mongoles y los osos que viven en la zona o bien fueron recientemente introducidos en el área o llegaron hace relativamente poco de forma oportunista. Los perros, en cambio, son nativos.

Estos perros son descendientes de los que quedaron abandonados allí tras el accidente de 1986. A sus propietarios les dijeron que volverían a por ellos pero eso nunca ocurrió. Desde entonces sobreviven como perros callejeros por toda la zona de alienación: los 30 km a la redonda que rodea la central.

En este vídeo lo explican todo con detalle. Todo lo que están haciendo para que esta situación cambie.

El libro Chernobyl Prayer, una cruda crónica de aquel trágico suceso, explica como “los perros aullaban, trataban de meterse en los autobuses. Los soldados los empujaban los sacaban a patadas. Corrieron tras los autobuses durante muchísimo tiempo”.

“La mayoría de la gente piensa que son bonitos, pero algunos piensan que están contaminados así que evitan tocarlos”, explicó Nadezhda Starodub, un guía de la zona, a Julie McDowal, periodista de The Guardian. “Algunos de los guías tienen miedo de que haya quejas, así que evitan los perros para no jugársela. Pero yo los quiero”.

Clean Futures Fund, la ONG que está tratando de ayudar a estos perros, calcula que 250 de ellos viven en torno a la planta nuclear, más de 225 en la ciudad de Chernóbil, y centenares viven en los puntos de control de seguridad y más rondan por la zona de alienación. Poco a poco, todos se han ido acercando al área. La necesidad de comida y agua y los ataques de lobos rabiosos no les han dejado mucha más alternativa.

Los trabajadores de la planta quieren a los perros. Están por todo Chernóbil, incluso en zonas del interior controladas. Muchos de ellos se guardan parte de su comida para poder alimentarlos. Cuando llega el crudo invierno ucraniano, se hacen cargo de los cachorros recién nacidos que no podrían sobrevivir en la intemperie. Y todo esto sabiendo que el contacto con los perros también puede poner en riesgo su salud.

Gracias a Julio y personas como el estos perros tendrán una mejor vida y terminarán con esa vida de soledad y abandono conociendo el cariño de personas que durante muchos años no se han atrevido a relacionarse con ellos.

Junto con un grupo de profesionales y voluntarios han puesto en marcha una campaña de esterilización y control de estos peludos para que no sigan reproduciéndose e incluso han podido comprobar que muy pocos de los perros que hay son radiactivos.

Que gusto da ver que hay personas que encuentran el lado bueno de las cosas. Gracias a Julio y todos los que como el se dedican a hacer cosas buenas por todos.